miércoles, 22 de febrero de 2017

Noticias falsas confirmadas; noticias verdaderas desmentidas

Originalmente publicado en El Libertario.


El 2011 denuncié una actitud que había detectado en personas de izquierda y que me parecía censurable: la diseminación de noticias falsas. Una de las noticias que mencioné en esa oportunidad fue la del supuesto uso de armas «semi-atómicas» por los Estados Unidos en Irak. Como tengo buena memoria y un hondo sentido de la honestidad — a diferencia, presumo, de quienes esparcen noticias falsas — , recordé inmediatamente esta información cuando, hace pocos días, leí una fuente que parece confirmar al menos parcialmente lo que entonces descarté como falso.

De acuerdo con lo informado por Rob Edwards hace un par de años, las fuerzas estadounidenses y británicas utilizaron municiones de uranio empobrecido durante la Guerra de Irak el 2003. La información fue publicada por la ONG PAX, de los Países Bajos. Esta ONG obtuvo la información desde el gobierno de los Países Bajos luego de que el Ministerio de Defensa la solicitara a las fuerzas armadas estadounidenses para confirmar que las fuerzas flamencas estacionadas en Irak durante la guerra no hubieran sido afectadas por los efectos de las municiones de uranio empobrecido.

El sentido de la noticia falsa que denuncié el 2011 era distinto: se acentuaba el carácter «atómico» de las armas utilizadas en consideración no solamente de sus efectos radioactivos, sino también de su capacidad destructiva. Las municiones de uranio empobrecido son radioactivas, pero no tienen un efecto destructivo siquiera comparable con el de un arma atómica. Había exageración y falsedad, por cierto, en cuanto al hecho informado, pero también había algo de realidad. La misteriosa desaparición de la noticia (que denuncié también el 2011), no obstante, incrementa las dudas con respecto a que sus autores hayan estado al tanto de los datos revelados por PAX el 2014 a la vez que impide indagar más sobre sus fuentes. Resulta curioso, además, que la noticia haya circulado durante el 2010: mucho antes de que PAX publicara el informe elaborado por Wim Zwijnenburg.

La información recorre caminos bastante misteriosos a veces. En este caso, la denuncia sobre el uso de armas «semi-atómicas», si bien falsa, ha demostrado tener hechos concretos sobre los cuales fundarse (y transmitirse de manera imprecisa). Así, un hecho prácticamente desconocido ha llegado a convertirse en una verdad respaldada con testimonios y la admisión de las propias fuerzas armadas estadounidenses. Pero podrá también darse el caso contrario: que un hecho admitido como verdadero sea cuestionado. Así ocurrió con respecto a los ataques sexuales masivos de árabes (inmigrantes o refugiados) contra mujeres en Alemania durante la celebración del Año Nuevo.


Como otras personas, Chris Baynes informó que la denuncia de ataques en Frankfurt durante la celebración del Año Nuevo 2017 era falsa. La forma en que el desmentido de esa denuncia se ha diseminado a través de las redes sociales ha creado la impresión, no obstante, de que los ataques reales ocurridos en Colonia durante la celebración del Año Nuevo 2016 no eran verdaderos: y aquí vemos cómo una noticia falsa (que los ataques del 2016 no ocurrieron) ha surgido desde la refutación de otra noticia falsa (que hubo ataques en Frankfurt el 2017). Por lo visto, no podemos confiar plenamente ni siquiera en quienes desmienten las noticias falsas, porque al menos algunos de ellos están tratando de instalar otras noticias igualmente falsas en el lugar que han dejado disponible las que son refutadas.

Como he dicho anteriormente, postergamos la verdad cuando anteponemos otros valores como lo gracioso y lo bello y esto resulta aceptable. No parece tan aceptable, sin embargo, cuando el valor interpuesto es el de lo político: algo parece señalar que no resulta aceptable camuflar u omitir o modificar la verdad con tal de favorecer nuestra opinión política. Yo mismo censuré este comportamiento hace tiempo y partí advirtiendo, arriba, que me considero honesto. Pero sospecho que la diferencia no está en el valor interpuesto, sino en la intención de modificar o de ocultar la verdad. Cuando uno dice una broma, modifica la verdad de manera visible para los otros. Cuando uno narra una noticia falsa, modifica la verdad de manera invisible. Y aquí está toda la diferencia: en la honestidad con la cual hemos modificado la verdad. Si lo hacemos de manera evidente, no estamos incurriendo en una conducta censurable. Si lo hacemos de manera camuflada, esto es, con la intención manifiesta de engañar a los otros y de que permanezcan engañados (sin que el engaño dé paso a una revelación jocosa o didáctica), incurriremos en una transgresión del principio de reciprocidad.

La decadencia de la bitcoin

Originalmente publicado en El Club de los Viernes.




Los precios máximos del emperador Diocleciano

El año 301 dC, el emperador Diocleciano publicó el infame edicto de los precios máximos.

Proveyó, así, de importante evidencia para los estudios económicos posteriores en cuanto a los efectos catastróficos que tienen las intervenciones del gobierno en los intercambios voluntarios y en la vida diaria de las personas.

Este edicto, como se dice en su prólogo, está inspirado en la bonanza económico y pretende, así, extenderla «por decreto».

Es una historia similar a la del socialismo, que surgió inspirado en la bonanza económica creada por la Revolución Industrial y pretendió, como Diocleciano, preservarla y repartir sus beneficios entre todos los hombres.

Sabemos que los experimentos socialistas terminaron mucho peor que el experimento de Diocleciano.


¿Que ocurrirá con la bitcoin?

Estos antecedentes son útiles para prever lo que ocurrirá con la bitcoin ahora que su órgano administrativo central (Bitcoin Core) decidió limitar el costo de operación de los nodos totales.

Me enteré de esta situación gracias a John Blocke y coincido plenamente con él cuando afirma que la aplicación de esta medida (y de las previsiblemente posteriores)
«is guaranteed to lead Bitcoin down the path of irrelevance».

Afortunadamente, los usuarios de bitcoin no necesitan escapar físicamente del territorio para evadir las reglas de intercambio impuestas por la autoridad emisora de la moneda.

Resulta, no obstante, incómodo y, sobre todo, decepcionante.

La bitcoin era una luz de esperanza en medio de un mundo oscuro y regulado.

Era la materialización de las condiciones aglomeradas que permitieron el progreso material de las personas en el Imperio Romano durante los siglos 2do y 3ro dC.

El gobierno imperial colaboró, sin proponérselo, en la creación de estas condiciones.

Pero apenas tomó conciencia de que podía tener un papel en la creación o mantención de ellas y decidió intervenir, arruinó todo lo que había ayudado a crear.


El Bitcoin Core

El Bitcoin Core está haciendo exactamente lo mismo ahora: con la intención de preservar aquello que permitió crear, hace uso de su poder y lo derrumba.

Como un gigante que inadvertidamente le brindó apoyo a una ciudad de hombres con el muro de su jardín y, al darse cuenta y tratar de mejorarlo, lo destruye con torpeza y perjudica a todos los que se habían beneficiado.

Las condiciones exitosas de la bitcoin se han hecho evidentes desde que esta moneda comenzó a transarse y su desempeño en el mercado ha traído sorpresa tras sorpresa a pesar de los malos augurios anunciados por quienes creen que no hay progreso sin intervención del Estado.


El precio de una bitcoin

Cada bitcoin cuesta hoy cerca de 780 US$.

En octubre del 2009, un dólar estadounidense podía comprar 1.300 BTC.

El precio se disparó en 2013 (llegó a valer 1.130 US$ el 29 de noviembre), luego cayó estrepitosamente (hasta los 198 US$ el 04 de enero de 2015), pero se ha estado recuperando de manera admirable.

El futuro del precio no luce muy brillante, sin embargo, ahora que el Bitcoin Core decidió intervenir en el proceso de creación y transacción de esta criptomoneda.


La moralidad de la intervención

Este problema no tiene que ver únicamente con los efectos negativos de la intervención, sino que es también un asunto moral: no es aceptable que un tercero se interponga en las interacciones voluntarias de los agentes morales (las personas).

Muchas veces, la discusión se reduce a la ponderación de los efectos, puesto que ellos parecen demostrar la virtud o deficiencia de las acciones llevadas a cabo.

Pero, como agentes morales que somos, estamos conscientes de que no debemos obstaculizar a los otros agentes morales en su búsqueda de la felicidad, aun cuando el efecto que se siga de tal obstrucción sea positivo (por supuesto que no incluyo en este óbice la legítima defensa).

Y esta regla básica, conocida como principio de no agresión, resulta vergonzosamente ignorada cuando discutimos sobre la intervención estatal de los mercados.

¿Qué clase de descorazonado hay que ser para ignorar la dignidad de nuestros semejantes cuando discutimos sobre la forma en que sus derechos han sido atropellados y sobre los efectos positivos o negativos que estos atropellos han tenido?

¿Acaso conservaríamos la misma circunspección y racionalidad al discutir sobre personas que son descuartizadas con caballos? Porque para mí no existe diferencia, ni moral ni física, entre el descuartizamiento y la intervención estatal en la forma de regulaciones y tributos.

En ambos casos se comete un atropello de los derechos humanos básicos y en ambos se experimenta dolor y se disminuye la constitución de la persona.


El emperador Bitcoin Core

Como un emperador ebrio de poder y excesivamente optimista a la vez que ignorante con respecto a las condiciones económicas de la ciudad y sus provincias, el Bitcoin Core pretende regular las interacciones sin vulnerar a nadie — lo cual es objetivamente imposible — y conseguir, más encima, que la bitcoin prospere después de que esta regulación tenga lugar.

La candidez, mezclada con ignorancia y buenas intenciones, presagian la desaparición de la bitcoin.

Saint Giorgio contra la libertad

Originalmente publicado en Corrupción Chile.


El sábado por la noche, Saint Giorgio escribió una revelación en Twitter según la cual la educación gratuita debe ser impuesta incluso en contra de la voluntad de las personas. En su condición divina, él sabe perfectamente lo que es mejor para nosotros y para el mundo, de manera que no necesitamos deliberar al respecto y, si resulta que tenemos una opinión contraria a esta política pública, deberemos aceptarla igualmente en contra de nuestra voluntad porque Saint Giorgio tiene no solamente la sabiduría, sino también el poder para imponérnosla. ¿Qué clase de insolente e insensato se opondría, de todas maneras, a una figura superior e incuestionable como la suya?

Hay al menos tres argumentos para sostener, en el nivel de los mortales, la revelación de Saint Giorgio: 1ro, que la voluntad popular se manifestó a favor de la educación superior gratuita a través de los canales institucionales; 2do, que los detentadores del poder político pueden hacer uso de este de acuerdo con su capricho sin dar explicaciones al respecto, y 3ro, que la libertad irrestricta contraería una situación comparable con la de una «jungla». Este ejercicio resulta útil para entender, en una escala humana, algunas razones básicas por las cuales Saint Giorgio hizo la revelación mencionada arriba y por qué no debemos cuestionarla.

Sabemos que el gobierno actual fue electo por la mayoría de quienes votaron en las últimas elecciones. Ciertamente, el número de personas que votó a favor de la actual presidente es inferior incluso al número de personas que ha solicitado ser inscrita en el Registro Nacional de No Donantes, pero nuestra democracia funciona así: otorga la magistratura a quien obtiene una mayoría simple. La coalición del gobierno cuenta con mayoría, también, en el Congreso Nacional. Este respaldo popular manifestado en las urnas le otorga carte blanche a legisladores y presidente para tomar las decisiones que quieran, incluso si pasan por encima de lo que algunos llaman pomposamente «derechos fundamentales».

Aun cuando no contaren con el respaldo de los votos, en los hechos son los políticos quienes ocupan el poder y pueden, por la sola fuerza de los hechos, utilizarlo de acuerdo con lo que su capricho les indique: si esto significa legalizar el robo y la violación — como efectivamente han hecho — , no tenemos más que tolerarlo. Por lo demás, ellos mismos se han provisto de un aparato normativo y burocrático que justifica tautológicamente el poder que ejercen: tienen el derecho de utilizar este poder, puesto que ellos mismos se lo han otorgado y se han brindado el permiso para usarlo a discreción de acuerdo con su propio criterio y siempre que lo estimen conveniente. ¿Cómo podríamos nosotros, meros peones, oponernos a un órgano tan bien estructurado y tan firmemente sostenido?

Por último, debemos entender que es necesario limitar la libertad individual para evitar que vivamos en una jungla. La única forma de vivir en una sociedad realmente civilizada es utilizando la fuerza contra quienes intentan hacer uso de su propia voluntad. Resulta evidente, por lo demás, que no podemos confiarles un comportamiento libre a las personas, pero sí podemos confiarle poder sobre otras personas a un grupo reducido de ellas: los políticos. Una verdadera civilización no puede fundarse en el respeto de la dignidad y libertad de la persona, sino en el ejercicio caprichoso del poder de una élite sobre todos los demás: esto sí que es verdaderamente civilizado.

De manera que no debemos engañarnos creyendo que existe la posibilidad de que actuemos libremente: Saint Giorgio conoce nuestras necesidades mejor que nosotros mismos y, más aún, sabe cómo resolver cada uno de nuestros problemas mejor de lo que jamás podríamos intuir. De manera que debemos recordar y hacer carne las palabras de él: «incluso en contra de su voluntad». Una iluminación espiritual implica admitir que tu propia voluntad es dañina y solamente la palabra de Saint Giorgio y sus colegas olímpicos puede liberarte realmente y elevarte a una condición más allá de la humana.