viernes, 18 de noviembre de 2016

Por la gente: empleados fiscales chilenos en huelga

Publicado originalmente en enpelotas.com.

Bárbara Figueroa, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores de Chile (CUT), declaró que los funcionarios miembros de la Asociación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF) —dependiente de la CUT— volverán a trabajar luego de un mes en huelga parcial. Figueroa dijo que la huelga será suspendida «por la ciudadanía, porque no queremos que ellos asuman los costos de esta movilización». Esta afirmación resulta digna de reflexión.

Los funcionarios de la ANEF deciden habitualmente hacer huelgas como una medida de presión para conseguir aumentos de salario o bonos extraordinarios. Ellos están perfectamente conscientes de que los usuarios de sus servicios se verán impedidos de utilizarlos mientras mantengan la huelga. No es una sorpresa ni una consecuencia inesperada o indeseada, por ende, que los ciudadanos «asuman los costos de esta movilización»: este es precisamente el punto de la huelga.

Bárbara Figueroa no solamente ha sido presidente de la CUT desde 2012, sino que también es miembro del Partido Comunista de Chile (PC): esta condición político-partidista explica, al menos parcialmente, su descaro al mentir acerca de la razón para terminar con la huelga de la ANEF. La razón verdadera está, por supuesto, en las intrigas estatales del Palacio y el Congreso.

Los diputados del PC, que integra la coalición del gobierno actual, habían votado consistentemente en contra de las propuestas de Palacio para manifestar su apoyo sobre las exigiencias de la ANEF. El llamado de atención recibido por el PC desde los otros partidos de la actual coalición de gobierno significó que los diputados del PC ya no votaran contra la propuesta de Palacio (la cual no varió durante el tiempo de la huelga), sino que se abstuvieran, y que la mesa directiva de la CUT (verosímilmente instruida por el PC) decidiera acabar con la huelga de la ANEF.

No obstante, Figueroa dice que lo están haciendo «por la ciudadanía». Lo cierto, como sabemos, es que Figueroa esperaba causarles tantas molestias cuantas fueran posibles a la ciudadanía y los huelguistas que estaban detrás de ella incluso expresaron su intención de que alguna persona resultara muerta (a causa de la cesación de servicios en los hospitales públicos) para darle más peso a su huelga.

La CUT, la ANEF, el PC y Figueroa jamás han pensando en la ciudadanía: ellos piensan en el poder. La ciudadanía es un conjunto de peones, piezas susceptibles de ser ofrecidas en sacrificio con tal de obtener cuotas de poder: no hay otra interpretación para Figueroa y las instituciones que integra.

El PC ha utilizado este tipo de discurso como parte de su estrategia para obtener el poder que no le dan los votos. De hecho, no hubo diputados del PC en Chile después del Gobierno de Transición (que concluyó en 1990) hasta el año 2009. Y el cupo que obtuvo entonces lo ganó gracias a un pacto político con la misma coalición de gobierno que integra ahora.

¿Y qué tiene el PC que encanta tanto a la actual coalición? Dos cosas: romanticismo y vandalismo. El PC sigue sosteniendo lo que la aparentemente más civilizada actual coalición de gobierno guarda en lo profundo de su corazón: que el poder debe ser tomado y mantenido por las armas para utilizarlo en el establecimiento de un estricto régimen socialista irreversible. Este es el aspecto romántico. En cuanto al vandálico, el PC tiene una amplia experiencia en organizar marchas y desórdenes callejeros, los cuales tienen hondo impacto mediático y pueden conseguir que ideas irracionales como la educación gratuita o el sistema de pensiones estatal sean tomadas en cuenta por el gobierno de turno.

Así que esta es la estrategia: la coalición de izquierda no se atreve a confesar su intención de establecer una dictadura del proletariado, así que le pide al PC que organice desórdenes callejeros con una exigencia particular: mencioné la educación gratuita y el sistema de pensiones estatal, pero también puede tratarse de la nacionalización del cobre o la prohibición de fumar. Entonces el PC ofrece el discurso y los encapuchados, recibiendo a cambio algunos distritos para obtener cupos en el Congreso.

Figueroa dice que es por las personas, pero nosotros sabemos que lo hace por el poder y no hay manera de que nos engañe con sus mentiras cuidadosamente ensayadas y majaderamente repetidas durante decenas de años.

martes, 15 de noviembre de 2016

El camino de la secesión en California (EEUU) y la Araucanía (Chile)

Publicado originalmente en enpelotas.com.

El día después del triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, la campaña por la secesión de California parece haber resurgido de las cenizas. Normalmente, este tipo de campaña parece más asociada con Texas. Este mismo día, el Aukiñ Wallmapu Ngulam — Consejo de Todas las Tierras (Chile) anunció la decisión de establecer un nuevo Estado en la Araucanía. En Chile, por cierto, la aspiración independentista suele estar más vinculada con Chiloé.

El impulso independentista parece sano y beneficioso a primera vista, puesto que les quita influencia a los enormes Estados que existen hoy en día. Me preocupa, no obstante, la limitación en cuanto a la libertad de tránsito a causa de las condiciones establecidas en cada territorio para ingresar, moverse y salir. Porque crear un nuevo Estado no es lo mismo que eliminar un Estado. Sin embargo, las creaciones propuestas no cubrirían territorios que actualmente sean libres, sino que ya están siendo oprimidos, de manera que ellas implican al menos el cercenamiento de un Estado mayor. El proceso se asemeja a la descripción que hace Karl Reinhardt (1948: 23) acerca de la obtención de la gloria humana: «Wie die Ewigkeit und Herrlichkeit der Götter sich erhält auf Kosten der Vergänglichkeit und tragischen Gebrechlichkeit der Menschen, so erhält sich diese wiederum, als Möglichkeit menschlicher Größe, auf Kosten eines gewissen göttlichen Versagens» — Así como la eternidad y magnificencia de los dioses son preservadas al costo de la transitoriedad y trágica fragilidad de los hombres, así también estas son preservadas como medios para la grandeza humana al costo de cierto fracaso divino.

Aunque el Aukiñ Wallmapu Ngulam reclama la soberanía sobre la Araucanía en virtud de derechos ancestrales, no parece tener más peso que los descendientes de SM Orélie Antoine I (1825-1878), Rey de la Araucanía y la Patagonia. Debemos tener en cuenta que la Casa Real sigue vigente hasta hoy y no ha renunciado a sus derechos sobre el Reino proclamado el 20 de noviembre de 1860.

A diferencia de la Araucanía, California nunca ha sido un territorio independiente. La Araucanía gozó de independencia política y ausencia de un gobierno central desde antes de la llegada de los incas primero y de los españoles después. Durante el Periodo Imperial (1541-1810) del Reino de Chile, se establecieron los ríos Biobío y Toltén como límites más o menos definidos de Wallmapu: estos límites se mantendrían durante el Periodo de Secesión (1810-1833) y el posterior Periodo Republicano. Durante este último tendrá lugar la anexión de Wallmapu en el territorio chileno (1861-1883). Como se echa de ver por las fechas, la Pacificación de la Araucanía fue una consecuencia directa del establecimiento del Royaume d'Araucanie et de Patagonie.

Como reveló Matt Weinberger, la idea (y la bandera [e incluso el nombre]) de un movimiento secesionista californiano fue inspirada por la serie de videojuegos Fallout. Sabemos que la revista electrónica Hijos del Átomo también está inspirada en la trama de esta serie de videojuegos, pero el impulsor de la idea de una California independiente no ha querido reconocer que tomó la idea desde ahí. No es algo de lo cual avergonzarse, de todas maneras. De hecho, le daría plena validez. Una buena idea no debería ser juzgada bien o mal en virtud de su origen. Pero, en este caso, creo que le otorgaría mejor respaldo que tratar de hacerla pasar como una idea «original».

Entonces, a primera vista la secesión resulta atractiva porque implica la disminución del enorme poder detentado por un Estado elefantiásico. Pero entonces vienen las dudas: que una Casa Real reclama derechos sobre el mismo territorio, que la idea fue tomada desde un videojuego y no es reconocida por el impulsor de ella, que los impulsores parecen tener intenciones oscuras y esto amenaza la libertad y la seguridad de quienes habitan el territorio reclamado...

Tengo la intuición —y me recrimino a mí mismo por carecer de argumentos— de que, al fin y al cabo, resultará mejor que haya Estados más pequeños en lugar de los gigantes actuales. Con todas las dudas de por medio y la enorme desconfianza que despiertan en mí los difusores de la secesión en California y la Araucanía, aún así me inclino por respaldar estas separaciones territoriales. Intuyo en mi interior que ellas le brindarán más espacio al espíritu del hombre, que se ve tan penosamente confinado hoy en día por la tentacular intervención del Estado en cuantos aspectos uno pueda imaginarse.

El enorme poder de los Estados matrices resulta un obstáculo, por cierto: el más riesgoso, en mi opinión, para cualquier intento secesionista. En este sentido, pienso en el caso más reciente que conozco: Sudán del Sur. Sé que, formalmente, la secesión tuvo éxito. Pero me parece haber leído que este acto administrativo no ha garantizado la paz en la zona ni el respeto de la dignidad de las personas. Por supuesto, temo que la situación será mucho más riesgosa en la Araucanía que en California en caso de concretarse una secesión: el terrorismo ha actuado con mucha violencia y ha sido escasamente perseguido por el gobierno desde hace dieciocho años, cuando se constituyó la organización terrorista Coordinadora Arauco-Malleco. Esta organización no solamente ha destruido la propiedad —camiones, maquinaria agrícola, casas y templos— y asesinado a personas, sino que declara abiertamente su intención de establecer un régimen comunista en la Araucanía. Aun así, presumo que resulta mejor tener un pequeño infierno comunista en lugar de uno grande, como el que experimentó Chile en 1970-1973.

Hay que dejar que el tiempo corra y que los sueños totalitarios de los estatistas terminen por traicionarlos a ellos mismos y consigan una mayor libertad para todos. Como no tengo el poder para combatirlos, al menos puedo guardar la esperanza de que están cavando su propia tumba y derruyendo lentamente nuestras cadenas.

lunes, 7 de noviembre de 2016

La violencia del movimiento «No + AFP» en Chile

Publicado originalmente en enpelotas.com.

No me siento muy afín con la disciplina psicológica a pesar de mi formación pedagógica en la universidad, pero a veces la evidencia de un fenómeno de esta categoría resulta tan patente y aplastante que no me es posible ignorarlo. Observemos los siguientes síntomas: un sujeto cree tener una idea tan buena que, si los demás no se convencen de ella, deben ser sometidos a ella por la fuerza; el sujeto no solamente propone este escenario, sino que les solicita a instituciones con fuerza letal que impongan esta idea sobre los habitantes del territorio donde vive; finalmente, el sujeto obstruye el tránsito y daña la propiedad de otras personas para exigir que su idea sea impuesta. ¿No les parece narcisista y psicótico?

Esto es precisamente lo que ha ocurrido en Chile (y en otros países de la región) con los llamados «movimientos sociales»: un grupo tiene una idea y trata de imponerla sobre el resto de la población tanto con argumentos cuanto con amenazas y atropellos. Y el movimiento más popular hoy en día, que salió esta misma mañana (04-Nov) a obstruir el tránsito con barricadas incendiarias y a dañar la propiedad privada con piedras y bombas molotov, es el denominado «No + AFP». Anteriormente fueron los movimientos estudiantiles de 2006 y 2011, el movimiento de Aysén, el de Freirina, el de aquí y el de allá.

Los movimientos sociales han tenido un éxito peligroso porque están utilizando una fórmula consabidamente riesgosa para imponer ideas que no solamente no son compartidas por la población general, sino que son perjudiciales para los derechos humanos y para el desarrollo social. De hecho, esta conducta es tan riesgosa que incluso se encuentra tipificada como delito en la legislación chilena (art 1ro Ley 18.314): utilizar la violencia con el fin de «arrancar o inhibir resoluciones de la autoridad o imponerle exigencias» está considerado un delito de carácter terrorista. Desde hace mucho tiempo, no obstante, las autoridades locales aplican las leyes de acuerdo con criterios políticos y no morales. Esta ley, por lo tanto, está reservada solamente para mantener una imagen pública aceptable y para perseguir a los enemigos del gobierno.

Se ha argumentado suficientemente para desacreditar los argumentos del movimiento «No + AFP». El mismo gobierno ha ignorado las plegarias del movimiento para que el Estado expropie los fondos de pensiones. Así que el movimiento no ha dudado en salir a la calle para atentar contra la libertad de tránsito y la propiedad privada: porque sus ideas son más importantes que la dignidad humana. Obviamente, el movimiento considera que sus ideas traerán verdadera dignidad: lo harán desposeyendo a las personas de una parte sustancial de su salario en contra de su voluntad y entregándolo en las manos de políticos y funcionarios públicos; lo harán malgastando el dinero sustraído ilegítimamente y endeudando el país hasta la quiebra (lo que ya ha ocurrido al menos ocho veces en Chile); lo harán incluso diciendo que las miserables pensiones conseguidas (inferiores a las que entregan actualmente las AFP) son preferibles a causa de que son «soberanas».

Esta es la dignidad que ofrece el movimiento «No + AFP»: una que contrae hambre, pobreza, subdesarrollo, escasez; pero, sobre todo, esclavitud. Porque no se le puede decir «soberano» a un fondo que no es reunido con la aceptación voluntaria de cada participante, sino por medio de la sustracción forzosa. Actualmente, el DL 3.500/1980 también fuerza la cotización sobre las liquidaciones de sueldo, pero uno puede evadirla en el caso de las boletas de honorarios y de los ingresos informales. Resulta curioso, por cierto, que el movimiento «No + AFP» les achaque a las AFP el peso de esta obligación cuando, en realidad, ella fue establecida y es ejecutada con mano de hierro (no como la ley 18.314) hasta el día de hoy por el Estado. Entonces, el camino de la dignidad no está en entregarle más poder a quien ya nos ha privado de él, sino en despojarlo de todo el poder que tiene ahora sobre nosotros.

El movimiento «No + AFP», sin embargo, no está interesado en ni pretende conseguir la dignidad de las personas: que seamos libres y dispongamos de nuestro dinero le parece una aberración inadmisible. En cambio, él pretende entregarnos por completo —ya no solo parcialmente— en las fauces del Estado para que este decida cuánto nos exprime o si acaso nos devora por completo.

¿Qué lección moral podría darnos, entonces, el movimiento «No + AFP»? Ninguna que venga de sus discursos, pero sí una que proviene de sus acciones: la única respuesta posible ante una vulneración de nuestros derechos es la legítima defensa. Y esto es lo que yo mismo me siento compelido a hacer: repeler la obstrucción del tránsito, el daño a la propiedad y la propuesta de expropiar nuestros ingresos.